Un día como usuaria del Hospital Básico Yantzaza

Caminaba en dirección a la habitación número 2 del área clínica, portaba un documento con la leyenda: “Rosa Juliana Olivo Viara, 63 años de edad”. Los ánimos empezaban a decaer por el dolor pero mi rostro (según Franklin, mi hijo) era de entusiasmo para los demás, debido a que en el fondo de mi corazón guardaba la esperanza de encontrar en esa casa de salud  una cura para mis males.

Debo decir que la ruta fue larga… emprendí el viaje un 10 de noviembre desde la ciudad de Sucumbíos hasta Yantzaza para recibir atención médica, haciendo caso a la recomendación de una amiga. Ella me dijo: “La atención en el hospital de Yantzaza es excelente, sólo con que tú vayas, te vas a mejorar” y yo le creí.

Con un poco de nostalgia, recuerdo el día en que llegué al área de emergencia del Hospital Básico Yantzaza, acompañada de Franklin pero sin poder ni siquiera hablar y caminar por el dolor.

Al llegar al área de emergencia, me tomaron los signos vitales y solicitaron mis datos personales, de eso se encargó mi hijo con una enfermera. Luego me pasaron al consultorio para que un doctor me examine, tenía una gran sonrisa y a la vez pude notar preocupación al constatar mi estado. Primero escuchó mis pulmones y revisó mi garganta, posteriormente me colocaron una pulsera de color naranja y me ingresaron a la sala de observaciones de mujeres.

Tenía en mente a mi familia, creía que no saldría de esta situación pero las enfermeras me dieron ánimo como si fueran amigas de toda la vida y eso me ayudó a recuperarme poco a poco. Por las luces encendidas pienso que cayó la noche, yo estaba angustiada en algunas ocasiones pero me acostaron en una camilla con sábanas blancas para que descanse y ahora sé que me mantuvieron dentro por alrededor de seis horas, tiempo durante el cual médicos y enfermeras me suministraron sueros, medicamentos y también me controlaban cada 20 minutos.

Después de la valoración de la médico internista, decidieron ingresarme, durante mi estadía en el área de Hospitalización, se me realizó una ecografía, radiografías y exámenes de laboratorio y terapia en la habitación, allí todos los que me visitaron y atendieron se mostraban amables, aunque no lo crean esa es una fortaleza para los pacientes.

Ahí la atención es de lo mejor. En dos días los médicos han logrado conseguirme la cita con un especialista en neurología que atiende en la ciudad de Loja, algo que para mí era imposible por el factor económico.

Me acababan de dar el alta, estaba satisfecha con el servicio y la atención de todos quienes conforman la institución, los felicito por su profesionalismo nuevamente, y por la vocación que Dios les ha dado para atender a los pacientes, pues en ocasiones anteriores acudí a varios hospitales donde me dijeron que mi enfermedad no tiene remedio y es poco común.

Puedo asegurar que el Hospital de Yantzaza, es un ejemplo de atención, servicio y entrega a los pacientes. Los médicos y el director  me examinaron  sin antipatía, están pendientes de mí en el día y en la noche. Todo parece como una casa, o más bien como un hogar… el hospital es bello y el trato es cordial.

Ya les había dicho a muchos de ellos pero no tengo palabras para agradecer la manera en que los médicos, enfermeras, guardias y todo el personal en general, me han atendido, todos son amables, es increíble  ver  y sentir como tratan al paciente. Conocí un nuevo hogar, gracias.


 

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